Fue entonces que el primer cronista de la ciudad, Don Eliseo Paredes Manzano, exhortó a las autoridades locales a que solicitaran a la instancia federal propietaria de Casamata, que cediera el inmueble a la ciudad.

El ambiente se sensibilizó a favor de esta petición y el gobierno de la República transfirió el fuerte al Estado, que lo legó, a su vez, al municipio de Matamoros.


En tanto, la JFMM se encargó de la primera restauración y de la adaptación del recinto en museo.