EL ESCENARIO GEOGRÁFICO Y URBANO
 

             El río Bravo y las llanuras costeras definen la geografía de Matamoros, a lo que se suma el litoral del Golfo de México. Pero es sin duda el río el que desde siempre le ha otorgado la importancia geopolítica fronteriza a Matamoros; además, el río tiene relieve como una gran corriente continental, que nace en las Montañas Rocallosas y desemboca finalmente en el Golfo de México. La Llanura Costera del Golfo Norte, por su parte, abarca una gran extensión de la vertiente atlántica de México y los Estados Unidos. En Matamoros, esa vasta planicie forma un terreno semiárido que fue desmontado en el siglo XX con fines agrícolas. En el clima de la región la diferencia de las estaciones es notable: caliente en primavera y verano, templado en otoño, y con nortes polares, humedad y lluvia en invierno.

              El Golfo de México es ruta del trayecto habitual de tormentas tropicales y huracanes nacidos en el Mar Caribe. En él se generan fenómenos climáticos como la Corriente del Golfo, la que avanza hacia el Océano Atlántico e influye en la templanza del clima y el desarrollo de la biodiversidad en las costas del norte de Europa. Posee numerosos mantos de hidrocarburos y grandes recursos bióticos marinos; además, su presencia regula el clima, la humedad continental y amortigua las masas polares del invierno.

              Como límites políticos el municipio de Matamoros colinda al norte con Texas (Estados Unidos de América), al sur con el municipio de San Fernando, el este con el Golfo de México y al oeste con los municipios de Valle Hermoso y Río Bravo. Como ciudad, Matamoros es hoy una pujante urbe fronteriza del noreste de México, con alrededor de medio millón de habitantes, en cuya trama social se ve reflejado el mosaico cultural de la nación. De modesto origen rural y ganadero en los finales del siglo XVIII, tuvo una intensa actividad comercial en buena parte del siglo XIX, que se reactivó en el siglo XX con la construcción del distrito de riego del bajo río Bravo y el auge algodonero, cuya bonanza se prolongó hasta la década de 1960, cuando empezó a instalarse la industria maquiladora y a diversificarse el sector de servicios, lo cual ha representado un importante motor económico contemporáneo para la ciudad.