EDIFICACIÓN DE LA CIUDAD


     Pese a que la voluntad póstuma del capitán Ignacio Anastasio de Ayala y su hijo Calixto, propietarios del paraje de San Juan de los Esteros, fue ceder los terrenos de la Congregación del Refugio, los parientes políticos de los Ayala reclamaron el cobro de rentas vitalicias a los habitantes de la Congregación.

     El conflicto que originó esta demanda, concluyó cuando el gobierno estatal decretó en 1826 la expropiación e indemnización de los terrenos de la congregación, elevó su rango político a villa y la nombró Matamoros en honor al prócer de la Independencia, Mariano Matamoros.

     Aunque situada tierra adentro, a cuarenta kilómetros del litoral, Matamoros funcionó como puerto de altura, debiéndose utilizar recuas, carros de tiro y botes de vapor para transportar las mercancías.

      Para 1835 le fue otorgada la categoría de ciudad. Su dinamismo económico le dio a la ciudad de Matamoros una estampa cosmopolita, determinada por la influencia del estilo arquitectónico del sur de los Estados Unidos -por el uso del ladrillo en la construcción de inmuebles con balcones de herrajes, cornisas de variada sofisticación y cubiertas con vigas de maderas importadas.

       Así, la bonanza económica generada por el comercio marítimo propició que en sólo diez años Matamoros se transformara en una urbe de más de 16,000 habitantes y, por su arquitectura de ladrillo, en una ciudad única en su tipo en el país.